Con ocasión de la muerte del dibujante Antonio Bernal

Entrevisté a Antonio Bernal para el Diari de L’Hospitalet hace un par de años, en su casa, después de localizarle para hacer un poco de justicia comunicativa, es decir, para que en su ciudad supieran quien había sido el autor de las portadas de los tebeos que gozamos varias generaciones de niños en este país. Me recibió en su casa con una amabilidad exquisita, y se volcó conmigo. Estuvimos conversando un par de horas, pese a que el material que podía publicar no podía llegar ni a la décima parte. Pero daba igual, me explicaba cosas interesantes, me mostraba orgulloso sus dibujos, su pequeño estudio en donde todavía pintaba…

Me llamó la atención el hecho de que todavía se atrevía a ilustrar alguna de aquellas mujeres macizas que, en plan de heroínas, tantas veces me habían seducido antaño. Ya entonces tenía una memoria frágil pero se apoyaba en su mujer, que asistía diligente y atenta a la conversación de su marido con este periodista. Cuando él no recordaba algo, ella le apuntaba.

Recuerdo además que, por no molestarle en exceso con la presencia de una segunda persona en su domicilio le hice yo mismo las fotos para el reportaje. No tuvo ningún reparo en posar en su estudio, una pequeña habitación con buena iluminación, y además hasta me sugería poses y ángulos para las tomas.

Antonio Bernal al seu estudi particular (2011)

Me dio la sensación de que sabía mucho de los entresijos de la historia del cómic en España durante la segunda mitad del siglo XX, no en vano trabajó durante años para una de las mayores editoriales de tebeos, Bruguera, y aunque ha sido un autor reconocido por algunos admiradores temo que ese bagaje no haya sido recogido más que muy parcialmente. Siempre nos quedará su obra, pero también tengo la sensación que, como yo mismo, aquellos tebeos se quedan cada vez más fuera de onda, más de otro tiempo y de otras sensibilidades.

Aquel niño que se protegía durante los bombardeos de la Guerra Civil bajo la mesa de su casa y se ponía a dibujar, de mayor se convirtió en profesor de Bellas Artes y en dibujante. Hasta el final, aunque ya fuera sólo por placer. Siguió pintando hasta el final, y para algunos seguía siendo un referente. En la galería Sícoris de Barcelona ahora mismo le dedican un exposición alrededor de uno de los personajes para los que hizo más portadas, el Capitán Trueno.

Acaba de morir a los 89 años. Descanse en paz, Antonio Bernal Romero (l’Hospitalet, 1924 – Barcelona 2013).

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2 comentarios el “Con ocasión de la muerte del dibujante Antonio Bernal

  1. Muchos apreciamos su obra y algunos tuvimos verdadera devoción por ella. El tiempo de su reconocimiento total llegará por que la singularidad y la genialidad de su arte se abrirán paso entre la mediocridad existente hoy en día. Fue generoso y agradecido en vida, cosa que no entendieron algunos. Lo recordaremos con gran cariño.

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