Un desahucio de hace un siglo, en un documento donado por mí

En el Arxiu Municipal de L’Hospitalet han tenido un ojo periodístico para elegir su documento del mes. La historia tiene su miga porque parte de unos documentos que descubrí a través de internet, compré a un anticuario y doné hace seis años al municipio. Entre ellos había una carta relativa a un desahucio de hace exactamente un siglo. Eso que ahora está desgraciadamente tan en boga ya sucedía en l’Hospitalet por aquel entonces, nada nuevo ni que sorprenda: el bienestar de unos pocos y los problemas de muchos.

La verdad es que no recordaba el contenido de esa carta que yo mismo doné al archivo, entre otros varios documentos relativos a entidades y a hechos de la vida cotidiana de aquellos años de principios del siglo XX. Pero resulta que el buen trabajo de difusión que está realizando desde hace un tiempo el archivo municipal da sus frutos y un compañero de El País en Catalunya, José Angel Montañés, ha sabido verle la trascendencia a un documento histórico y ha escrito un interesante artículo.

Dada la coyuntura en la que nos movemos hoy en día, el documento ha cobrado un plus de valor: el de recordarnos que la historia sirve, entre otras cosas, para intentar evitar los errores del pasado. Claro que ignoramos las causas concretas de aquel desahucio y tendemos a juzgarlo bajo los parámetros de los que hoy nos enturbian el horizonte a diario, pero lo que parece claro es que siempre suele haber personas con patrimonio que cobran alquileres y personas con problemas que no pueden pagarlos. En eso no hemos cambiado en este país.

Según parece, en 1913 España estaba tan hundida como lo está en nuestros días y la clase obrera, ayer como hoy, pagaba las consecuencias. En 1913, como bien se apunta en el artículo de El País, no había plataformas organizadas contra los arrendadores que querían echar a sus inquilinos morosos, pero estoy seguro que había solidaridad vecinal o, al menos, la pequeña llama de los incipientes sindicatos obreros que, en pocos años, enarbolarían la defensa de la clase obrera incluso con las armas (la UGT se había fundado en Barcelona en 1888 y la CNT se fundaría en 1910, también en Barcelona).

El autor del artículo en El País ha tenido a bien nombrarme en su texto y reconocerme el protagonismo de haber salvado para el futuro esos papeles que en su día compré y doné al Arxiu Municipal. Se lo agradezco sinceramente.

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